Convertir un espacio olvidado en el lugar de la comunidad

En 2013 se organizó una visita explotaria a los espacios públicos de la colonia Lomas del Carril para conocer a la población, los actores culturales e instituciones locales.


En la colonia hay tres espacios públicos: La Carlota y Sofía Ramírez; ambos para actividades deportivas. El primero a la entrada de la colonia; el segundo, en el fondo de una barranca; mientras el tercero se encontraba completamente abandonado, en las orillas, pegados a las minas, lugares inhospitos e inseguros, llenos de conductas antisociales.


El municipio, décadas atrás, construyó una cancha de basquetbol con un tanque elevado como cisterna para resolver la carencia de agua potable. Debido a la mala calidad de la contrucción y cohesión social, fue tomada para la drogadicción, el alcoholismo y como baño público, mientras la cisterna nunca funcionó.


Fue así como, de 2013 al 2018, en la Cancha Geranios implementamos nuestra metodología que hacen de los espacios públicos abandonados, lugares resilientes del tejido social.


Para el rescate fue invitado el arquitecto Luis Beltrán del Río, titular de la facultad de arquitectura en la Universidad Anáhuac, él con sus alumnos, en consulta con los usuarios, diseñaron la nueva fisonomía del espacio público que hoy conocemos como Cancha Geranios.


En la actualidad es el único espacio público municipal dedicado a la cultura; cuenta con aros para la danza aérea, dos patios; pequeña bodega, baño y una parte fue recubierta con bambú. El uso y cuidado está a cargo de la propia comunidad y es el corazón del proyecto Ingenios Culturales, el cual ha logrado arraigo, identidad y apropiación comunitaria.


Es importante conocer las nacientes identidades que surgen a partir del rescate de estos espacios ya que, las diferentes formas de habitar, usar y apropiarse de ellos, determinan su representación en el territorio, el individuo y la comunidad misma.


El individuo conforma su identidad y significa su espacio a partir del uso en su concreción física, social, simbólica y política. Entonces el espacio urbano es el resultado de un proceso de producción social (vivienda, plazas públicas, etc) y de historia, que refleja una realidad con múltiples dimensiones, actores y perspectivas.

Diseñamos cada intervención

El tejido social debe entenderse en cinco dimensiones, las cuales, en su conjunto, conforman una realidad.  A partir del entendimiento de cada una, se desarrolla un plan de acción donde la interdisciplina, la sustentabilidad, la tranversalidad, la formación de equipos locales, los diagnósticos y la transparencia, aunado a la creatividad y la cultura de paz, son los elementos retejedores para transformar-se y con ello construir comunidad.